El cilantro hace miles de años que viaja, desde las tumbas egipcias hasta los mercados asiáticos y cocinas de medio mundo. Los romanos lo esparcieron por Europa, y los españoles lo llevaron en América sin imaginar que se convertiría en un imprescindible. Hoy sigue dividiendo el mundo: o lo adoras, o lo detestas, pero no deja indiferente a nadie.